sábado, 4 de mayo de 2013

El deporte también sufre los embates del terror


Aquel 5 de septiembre de 1972, el terrorismo en el deporte escribió sus primeras páginas. Seis atletas y cinco entrenadores israelitas asesinados, fue el saldo de un ataque perpetuado por un grupo rebelde palestino denominado Septiembre Negro, en los Juegos Olímpicos en Múnich, Alemania. Aunque las circunstancias históricas e ideológicas fueron muy diferentes al mundo de hoy, los eventos deportivos siempre serán un atractivo para los terroristas, que aseguran defender una causa.
Alrededor de 200 víctimas fatales y más de 500 heridos, ha sido el resultado desde que se inició el terrorismo ligado a eventos deportivos. Policías, atletas, entrenadores, personal técnico, periodistas, fanáticos, entre otros, han perecido en diversos hechos. Pakistán ha sido el país con mayores atentados contra deportistas, motivado a la cantidad de grupos extremistas en esa región; el más reciente fue en 2010, durante un partido de voleibol, un suicida hizo estallar su vehículo causándoles la muerte a 90 personas.
Recientemente, en Boston, tres personas fallecieron y más de 150 resultaron heridas, en un ataque realizado cerca de la meta de una popular maratón. Dos artefactos explosivos estallaron; uno de los dos responsables está detenido, el otro murió durante un enfrentamiento. Dzhokhar Tsarnaev, confesó su responsabilidad y aseguró que el hecho fue por repudio a las guerras de  Estados Unidos contra el Medio Oriente.
¿Qué es lo que buscan? ¿Llamar la atención? ¿Fama? ¿Venganza? Lo cierto, es que las grandes competencias deportivas son una vitrina, no solo para los atletas, sino para que estos grupos radicales se expongan ante los medios de comunicación. Aprovechan la cobertura del espectáculo y organizan su acto atroz. Tristemente, no solo atletas, también fanáticos, muchos en familia, son los que corren el riesgo de ser víctimas del terror.